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viernes, 24 de septiembre de 2010

La riqueza del Español y los cojones

Un pequeño pero divertido artículo de Arturo Pérez-Reverte:
Ahora me explico las quejas de los extranjeros por sus dificultades con nuestras acepciones. Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número y acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada referencia a los atributos masculinos: "cojones".

Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado. Así, "uno" significa "caro o costoso" (valía un cojón), "dos" significa "valentía" (tiene dos cojones), "tres" significa "desprecio" (me importa tres cojones), y un número muy grande más "par" significa "dificultad" (lograrlo me costó mil pares de cojones).

El verbo cambia el significado. "Tener" indica "valentía" (aquella persona tiene cojones), aunque con signos exclamativos puede significar "sorpresa" (!tiene cojones!); "poner" expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa). También se los utiliza para apostar (me corto los cojones), o para amenazar (te corto los cojones).

El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así el presente indica "molestia o hastio" (me toca los cojones), el reflexivo significa "vagancia" (se tocaba los cojones), pero el imperativo significa "sorpresa" (¡tócate los cojones!).

Los prefijos y sufijos modulan su significado: "a-" expresa "miedo" (acojonado), "des-" significa "cansancio" (descojonado), "-udo" indica "perfección" (cojonudo), y "-azo" se refiere a la indolencia o "abulia".

Las preposiciones matizan la expresión. "De" significa "éxito" (me salió de cojones) o "cantidad" (hacía un frío de cojones), "por" expresa "voluntariedad" (lo haré por cojones), "hasta" expresa "límite de aguante" (estoy hasta los cojones), "con" indica "valor" (era un hombre con cojones) y "sin", "cobardía" (era un hombre sin cojones).

Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color violeta expresa "frio" (se me quedaron los cojones morados), la forma, "cansancio" (tenía los cojones cuadrados), pero el desgaste implica "experiencia" (tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica "torpe! za o vagancia" (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).

La interjección "!cojones!" significa "sorpresa", y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones!). En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones).

En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones!

viernes, 17 de septiembre de 2010

El dentisto y el pianisto

Como todos sabéis, vivimos unos tiempos en los que la idiotez y la ignorancia parecen haberse apoderado de todo ser viviente. Y el que no comulga con esta moda es facha, franquista, retrógado, falócrata, etc.

Últimamente he leído algunas palabras cuyo género neutro se ha feminizado para estar acorde con estos tiempos de corrección política en que nos movemos. Para tomarnos las cosas con buen humor y contribuir al lenguaje no sexista, os anexo una serie de profesiones cuyo género neutro es femenino y que deberíamos tener también su variante masculina. ¡A ver que os parecen!:
Astronauto, dentisto, poeto, sindicalisto, pediatro, pianisto, golfisto, arreglisto, funambulisto, proyectisto, turisto, contratisto, paisajisto, taxisto, artisto, periodisto, taxidermisto, telefonisto, masajisto, gasisto, trompetisto, violinisto, maquinisto, electricisto, oculisto y policío.
Pero, sobre todo, la palabra que más me gusta es: ¡machisto!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Gracioso poema sobre el Español

He oído varias veces a mis "mayores" una poesía muy simpática sobre las "anomalías" que existen en nuestro idioma. Hace poco que la encontré por Internet (que raro, ¿verdad?) y quisiera dejarla en mi blog para tenerla siempre a mano. Según creo, fue escrita por Pablo Parellada y si no es así que me disculpe su verdadero autor. Ahí va:
Señores un servidor:
Pedro Pérez Baticola,
cual la Academia Española,
«limpia, fija y da esplendor».

Pero yo lo hago mejor;
y no son ganas de hablar,
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano
donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia,
hay esa gran diferencia
entre un buque y un buqué?

¿Por el acento? Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de un presidio a presidió.

Ni de tomas a Tomás,
de un paleto a paletó
ni de topo a que topó
ni de colas a Colás.

Mas dejemos el acento
que convierte, como ves,
las ingles en un inglés
y vamos con otro cuento.

¿A ustedes no les asombra
que diciendo chico y chica,
majo y maja, rico y rica
no digamos hombre y hombra?

Y la frase tan oída
del marido y la mujer
¿por qué no tiene que ser
el marido y la marida?

El sexo a hablar nos obliga
a cada cual como digo;
si es hombre, me voy contigo;
si es mujer, me voy contiga.

¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre que ternos corta
no le llamamos ternero?

Como tampoco imagino
ni el diccionario me explica
por qué al que gorros fabrica
no se le llama gorrino.

¿Por qué las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fueran salidas
de las tripas de un melón?

¿Por qué el de Cuenca no es cuenco,
bodoque el que va de boda,
y al que los árboles poda
no se le llama podenco?

Cometa está mal escrito
y por eso no me peta;
¿hay en el cielo un cometa
que cometa algún delito?

Y no habrá quien no conciba
que llamarle firmamento
al cielo, es un esperpento;
¿quién va a firmar allá arriba?

¿Y es posible que persona
alguna acepte el criterio
de que llamen monasterio
donde no hay ninguna mona?

De igual manera me quejo
al ver que un libro es un tomo;
será un tomo si lo tomo
y si no lo tomo, un dejo.

De largo sacan largueza
en lugar de larguedad;
y de corto, cortedad,
en vez de sacar corteza.

Si el que bebe es bebedor,
el sitio es el bebedero,
y hay que llamar comedero
a lo que hoy es comedor.

Comedor será quien coma,
como es bebedor quien bebe:
y de esta manera debe
modificarse el idioma.

¿Y vuestra vista no mira
lo mismo que yo lo miro,
que quien descerreja un tiro
dispara, pero no tira?

Este verbo y más de mil
en nuestro idioma es un barro;
tira el que tira del carro,
no quien dispara un fusil.

Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando ladre mucho un chucho,
hay que llamarle ladrón;

porque la sílaba –on
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se le llame Ramón.

Y, por la misma razón,
si los que estáis escuchando
un buen rato estáis pasando,
estáis pasando un ratón.

¿Y no es tremenda gansada
en los teatros que sea
denominada platea
lo que nunca platea nada?

De la cárcel al rector
se le llama carcelero;
luego a quien es director
de una prisión, ¡por favor!
Hay que llamar prisionero.

Ya basta para quedar
convencido el más profano
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar.

Aquí se acaba la historia.
Si ahora, para terminar,
unas palmadas me dan,
ustedes no extrañarán
que les llame palmatorias.
Espero que os haya gustado

domingo, 6 de julio de 2008

Un chiste que me ha contado mi hijo

Hoy os traigo un chiste que me ha contado mi hijo mayor. Bueno, más que contado se lo ha enviado por email a su hermano pequeño. Les he creado una cuenta de correo a cada uno (gmail) y ahora están descubriendo el chat.
Jaimito: Mami, mami ¿puedo ir a piscina? hoy ponen el trampolín de 5 metros.

Si por supuesto hijo.

Al rato vuelve Jaimito con una pierna rota.

Cuando se recupera le pregunta a su madre ¿mamá puedo ir a la piscina? es que hoy ponen el trampolín de 10 metros.

Si claro.

Al rato vuelve Jaimito con una pierna y un brazo roto.

Cuando se recupera le pregunta a su madre ¿mamá puedo ir a la piscina?

No hijo, que luego ya sabes lo que te pasa.

Es que hoy ponen el agua...

viernes, 4 de julio de 2008

Chiste sobre feos

Era tan feo, tan feo, que cuando iba al zoo tenía que comprar dos entradas, una para entrar y otra para salir